A finales del siglo XIX y principios del XX, aparecían por primera vez, competiciones de ciclismo en ruta como la Lieja-Bastogne-Lieja. Desde sus inicios, la bicicleta se ha visto como un deporte muy sacrificado, necesitado de un buen estado físico para practicarlo y de una mente fría para soportarlo. Para ello son necesarias muchas horas de entrenamiento,de conocimiento y dedicación con el instrumento que ayudará al ciclista a llegar hasta lo más alto, su bicicleta.
El problema reside en que en los últimos años han sido muchos los acusados de utilizar el dopaje para mejorar su rendimiento en competición como los casos de Jan Ullrich, Marco Pantani o Alberto Contador entre otros. La gran mayoría de ellos no han aceptado nunca el hecho demostrado de que habían tomado este tipo de productos, pero la realidad ha sido otra. Los ciclistas, dirigentes y médicos de los equipos han jugado en los últimos años a intentar acercarse, sin pasarse, a la línea que separa lo legal de lo ilícito, el dopaje ciclista del ciclismo real. El contratiempo para todos ellos ha sido que ese margen es muy estrecho y la justicia al final les ha cazado.
Llegado a este punto, ¿cuál podría ser el problema para que muchos ciclistas necesiten doparse? Posiblemente la exigencia de las competiciones como el Tour, con 3.479 Km de recorrido en tan solo 20 etapas. O quizás el escaso descanso que tienen los ciclistas que hace casi inhumano poder soportar ese sobre esfuerzo. Sea cual sea el motivo por el que algunos necesitan utilizar el dopaje, éste deporte tan apasionante debería cambiar su organización y su forma de trabajo para intentar evitar lo que cada vez se hace más notable, que es una falta de credibilidad hacia sus deportistas y hacia su propia imagen.

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