La edad contemporánea, que nos ha tocado vivir,
está organizada de una manera muy concreta, en la que el poder recae de forma
centralizada en un organismo que gobierna sobre todos los demás, esto es, el
Estado. Lo realmente importante en esta forma de legitimidad es creer en las
leyes y normas impuestas por los brazos ejecutores del poder. Por ello, no será
relevante si se cambia de líder, siempre y cuando la organización de su sistema
burocrático sea la correcta. Esta estructuración del poder será siempre
jerárquica, por lo que las personas que están arriba tendrán mayor
responsabilidad que las que forman parte de la base, del mismo modo que en
ellas se concentrará un mayor poder de decisión.
En la película de Orson WELLES, El Proceso (The Trial) –homónima de la novela de
KAFKA en la que está basada- se puede observar, al principio de la misma, un
diálogo entre dos hombres. De él se infieren algunas conclusiones que ayudan a
comprender cómo está organizada realmente la sociedad. A la llegada de un
hombre ante una gran puerta que simboliza la ley, se antepone un guardián que
la protege de todos aquellos que no la deben pasar. El hombre, después de
recorrer un largo camino para llegar hasta allí, ve como van pasando los años y
no puede atravesar la ansiada entrada a la legalidad. Con ello, lo que se
pretende mostrar es esa compleja y jerarquizada organización de la sociedad y,
en especial, de la clase política y judicial, que posteriormente encuentra el
Sr. K para tratar de llegar a descubrir por qué ha sido procesado.
El film de WELLES es un magnífico ejemplo, a modo
de alegoría, que el autor propone como crítica de esta estructura piramidal que reserva el
poder para unos pocos y así poder controlar a otros muchos, a los que se les
relega al papel de meros “monigotes” que simplemente van a hacer lo que esa
clase “alta” o privilegiada decida. Para que el pueblo o la sociedad cumpla con
lo que requiere la burocracia, es necesario que éste conozca, crea, respete y,
por supuesto, cumpla con las normas y leyes dictaminadas por el Estado. Desde
el momento en el que entran en su casa los dos investigadores o policías, el
Sr. K se encuentra inmerso en un proceso que, desde el principio, parece no
tener “ni pies ni cabeza”. La citación o aviso de que va a ser juzgado es lo
único que sabe el Sr. K sobre su presunto delito.
Con el paso de los días, el acusado comienza a
creer que realmente algo ha ocurrido, se siente como culpable de algún mal acto,
aunque realmente no es consciente de que lo haya cometido. A lo largo del
visionado, el protagonista va recibiendo continuas visitas de los funcionarios
del gobierno que acuden a él, siempre bajo órdenes de sus superiores, para ir
comentándole el desarrollo de su proceso. En un momento dado, el Sr. K entra en
un juzgado repleto de gente que lo observa fijamente. Él sube al estrado para
tratar de defenderse y acusa a los policías que entraron en su casa, así mismo
ataca a la organización del sistema. Después, se da cuenta de que a esos
funcionarios que él acusó los están torturando por haber hecho eso. Este es un
momento clave o climático del film. Aquí WELLES trata de mostrar que todos
seguimos órdenes de arriba, sin tener en cuenta si están bien o no. Los
policías que fueron a su casa obedecieron aquello que les fue dictaminado, de
la misma forma que los que ahora los flagelan a ellos hacen el mismo ejercicio,
seguir las órdenes de un superior.
Después de comprobar directamente cómo actúa el
Estado, el Sr. K empieza a buscar medidas para tratar de contrarrestar las
acusaciones, pero, con el tiempo, comprueba que eso es imposible. Una de las
opciones que adopta es la de recurrir a un abogado conocido, amigo de su tío
Max. Tras visitar en varias ocasiones al letrado, cualquier espectador puede
deducir otra conclusión clara: en cierto momento, el abogado llama a uno de sus
clientes, Bloch, para mostrarle al Sr. K
que el que tiene el poder puede hacer lo que quiera sobre el que se encuentra
por debajo de él. Esto es un mecanismo bastante injusto, ya que, las clases
dominantes o los gobernantes, van a ser, casi siempre, aquéllos que han podido
permitirse años de estudio para poder llegar hasta ahí, por lo que realmente se
hablaría de una plutocracia.
Después de volver a comprobar con conocimiento de
causa cómo funciona el sistema, el joven decide dejarlo todo y tras hablar con
otro hombre acusado llega a la conclusión de que, si sale declarado como
inocente, solo será libre en apariencia, no en absolución, ya que todo el
sistema está corrupto. Una de las últimas escenas de la película pone de
manifiesto a un Sr. K desesperado, sin saber qué hacer ni dónde acudir, y el
desnortado protagonista acaba finalmente en una iglesia. En ella, el hombre
habla con el sacerdote, quien le relata la metáfora del guardián y la ley. Acto
seguido, aparece su ex abogado para confirmarle que definitivamente va a ser
condenado a muerte. El desganado Sr. K no tiene más remedio que acabar
reconociendo la culpabilidad de un hecho que desconoce.
Cuando ya está todo perdido, aparecen en casa del
procesado dos nuevos policías que lo cogen de los brazos obligándolo a caminar
hacia donde ellos le dirigen. Tras cruzar varias calles, llegan a un lugar
bastante recóndito donde deciden detenerse. Allí le ofrecen al condenado un
cuchillo con el que lo incitan a quitarse la vida él mismo. Al negarse a
hacerlo, los hombres prenden unos cartuchos de dinamita con los que consiguen
acabar con la vida del Sr. K. Con ello, WELLES ha intentado mostrar que el
sistema goza de una organización que es la que dirige, ordena y, por tanto
controla al conjunto de la sociedad. En esa estructura hay una jerarquización
en la que, el que está en la cúspide, influye sobre los que están debajo, de
tal forma que éstos, siempre, estarán sujetos a su voluntad o a lo que
dictaminen las leyes o normas que esa misma clase “alta” ha creado. Esta
complejidad en la organización dificulta cualquier proceso, debido al número de
escalones que deben superarse hasta llegar a la cima que es, en definitiva, la
que realmente decide. La sociedad está creada de tal forma que quién no se
adapte a las normas o incumpla las leyes, será criticado, procesado y, muy
posiblemente, condenado como sucedió con el Sr. K.
La conclusión, pues, que se infiere de nuestra
experiencia como espectadores de la obra de WELLES, no es otra que la
estructura social en la que están conformadas todas nuestras comunidades, son,
en esencia, injustas, ya que siempre hay unos pocos que dominan a una gran
minoría. Esta estructura piramidal puede considerarse una perversión del
sistema social en el que están inmersas todas las agrupaciones sociales de
nuestro entorno en pleno siglo XXI. Esto debería llevarnos a reflexionar sobre
muchas cosas que se plantean como retos a superar para paliar los defectos
sociales que nos acucian en nuestra era. La estructura social en forma
piramidal, es, en definitiva, una perversión más del sistema al que nos
sentimos esclavizados. Bueno será replantearnos este hecho.