La
principal función del periodismo profesional es, o por lo menos debería ser, la
transmisión de un mensaje concreto a un público masivo. El contenido de ese
discurso tiene que ser lo más objetivo posible, es decir, debería contar lo que
sucede, sin atender a opiniones o juicios de valor, dejando cualquier otro modo
de relatar para el periodismo de opinión
en el que caben razonamientos personales o visiones parciales de la realidad.
Pese a la dificultad que, en ocasiones, supone acercarse a esa imparcialidad,
el periodista deberá buscar todos los medios que estén a su alcance para poder
revelar su mensaje de la forma más clara y concisa posible. Por otro lado, la
carrera de Periodismo ofrece otras muchas salidas laborales que se alejan, como
mínimo un poco, de las bases o fundamentos del periodismo convencional. Una
posible opción, es la de actuar como representante de una persona o
institución, es decir, ejercer como
asesor.
La
charla o comparecencia de Jorge FEO ESCUTIA -Consultor de Comunicación-, nos ha
ayudado a comprender mejor cómo funciona este mundo relacionado con los medios
y, a través de sus reflexiones, hemos podido entender que es muy distinto de la
idea que la gran masa tiene de esta profesión. Para poder ampliar nuestra
visión sobre la figura del asesor, en este caso político, hay que remontarse a
la etapa de la Transición Española. En ella, los nuevos partidos recién nacidos,
buscaron la ayuda de esta suerte de “consejeros”
para poder llevar a cabo sus discursos, campañas, formas de actuación o
protocolo, etc. Pese a todo, con los años y el crecimiento de la joven
democracia, los partidos políticos han ido sustituyendo a esos asesores
externos, (profesionales ajenos al partido), por otros mucho más ligados a sus
ideales, creando así los primeros gabinetes de información propios. Este cambio
sucesivo, ha provocado que la figura del asesor pierda parte del “respeto” de
muchas personas, ya que, al involucrarse en un partido, como dice Jorge FEO:
“se pierde la voz y el voto”. Por ello, habrá que intentar trabajar en una
empresa sin estar dentro de su organización, así se podrá conservar, en cierto
modo, la ansiada objetividad periodística.
Como
todo buen comunicador, el asesor político tiene la función de influir, esto es,
buscar las armas que estén al alcance de su mano para tratar de persuadir al
público. Para ello, FEO asegura que “lo primero que hay que hacer es saber cómo
se percibe la realidad de lo que sucede, ya que si no sabemos lo que
percibimos, no podremos llegar a influir en el otro”. Además de este concepto,
el experto en comunicación también expuso otros razonamientos importantes relacionados
con el asesoramiento político y, más concretamente, sobre lo que él denominó
“la trastienda de las elecciones”. En primer lugar, el objetivo de cualquier
asesor, y, por consiguiente, del político al que representa, es ganar, y para
conseguir este propósito, todo vale, siempre que esté sujeto a la legalidad
vigente. Pese a esa voluntad de lograr el ansiado objetivo, no siempre se gana
en esta vida. Aún así, son pocos los políticos que aceptan una derrota, por
ello se dice que “la victoria es relativa”, porque a pesar de haber un
triunfador y un derrotado, todos aseguran haber cumplido sus metas.
Otro
aspecto que cabe destacar son los programas electorales de los políticos. A
este respecto, la sociedad se ve inmersa en dos dilemas claramente
diferenciados: en cuanto a contenidos y a la forma de expresarlos. Mientras que
en su programa escrito, el partido expone “al dedillo” todos los objetivos,
propuestas y promesas que quieren desempeñar, el discurso oral viene a ser
bastante distinto. En esta segunda parte, el orador utiliza otro tipo de
vocabulario mucho más sencillo o coloquial, para tratar de captar al mayor
número de simpatizantes; del mismo modo que, basa su exposición en una serie de
puntos que él, o su asesor, consideran más importantes o que tendrán más
“tirada” para lograr su objetivo final: convencer a la gran masa.
Finalmente,
el ponente plantea uno de los aspectos más relevantes: el referido a la
ciudadanía. Al fin y al cabo, los ciudadanos son los que, en definitiva, elegirán
a sus representantes políticos. Dado el gran poder del pueblo, la clase
política, como afirma FEO, “solo se acuerda de los ciudadanos en el momento de
la votación”. La población es el objetivo último de cualquier campaña
electoral, y por ello es esencial para cualquier asesor político saber qué
demanda el electorado. Para lograrlo, un buen asesor político deberá contar con
una serie de medidas como son las encuestas u otros mecanismos que ayuden a
entender las necesidades principales de la población y que permitan cuantificar
y conocer lo que desea el votante.
España,
se encuentra inmersa en una grave crisis institucional, cuyos agentes principales
son de la estirpe política. Ello, día a día, va mermando la confianza de sus
posibles electores y dicha merma se traduce en desconfianza generalizada
provocando continuos casos de corrupción, y de otros actos amorales, que, con mucha
frecuencia, llegan a ser ilegales. Será una tarea ardua y costosa volver a
recuperar la afectividad y la complicidad de la población y por ello puede que
sea necesario un cambio significativo de la “raíz” política. Mientras sigan ocurriendo
sucesos como el de Bárcenas, que podría tener implicada a parte de la élite del
PP, los ERE de Andalucía o el espionaje político en Cataluña, el pueblo está
abocado al catastrofismo, provocado por la desconfianza de sus representantes
y, hasta puede que acabe abandonando la confianza en el sistema político
español, tan dañado en los últimos años de su democrática existencia.

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