Las esperanzas de conseguir una ansiada mayoría absoluta por parte de Artur Mas se han desvanecido por completo tras los resultados de las elecciones del 25-N. La campaña soberanista del President de Catalunya se acaba de topar con un nuevo obstáculo en su camino hacia la independencia. La victoria en los comicios de este domingo para CIU, se ha convertido en una dolorosa derrota al ver reducido su apoyo por parte de los catalanes, bajando de los 62 escaños del 2010 a los 50 de este año. Por contra, el partido que más se ha favorecido del descenso de CIU en las urnas ha sido ERC pasando de 10 a 21 escaños en el Parlamento catalán. El PSC ya no será la segunda fuerza y se acerca a los resultados del PP.
La caída de Mas no sorprende tras la campaña, acerca de la posible Independencia de Catalunya, realizada e iniciada con la marcha del 11-S por parte del President . El pulso que ha mantenido en los últimos meses con el gobierno de España y con la gran mayoría de los partidos catalanes no ha beneficiado para nada a Artur Mas. Por un lado las quejas sobre el estado actual de Catalunya pueden ser comprensibles. La gran mayoría de catalanes, y así se ha demostrado en las urnas, piensan que el déficit fiscal con el resto de España es excesivo, sobre todo en estos tiempos de crisis y deudas desorbitadas. Para ello Catalunya necesitaría conseguir el conocido pacto fiscal. De esta forma el gobierno catalán sería el que recaudaría todos sus impuestos y posteriormente daría parte de esa retribución al Estado español. Esa podría ser una buena opción siempre y cuando se respeten por ambas partes los derechos y las leyes que marca la Constitución. El problema se encuentra en que CIU quiere ir más allá y tratar de lograr una independencia de Catalunya respecto a España, una opción que con el tiempo le pasaría factura.
La "deseada" independencia solicitada desde CIU, además de ser anticonstitucional por romper con la unidad del estado español (art.2), traería más de un dolor de cabeza al President Mas. En primer lugar, la salida de la Unión Europea de la que no recibirían ayudas económicas y a la que muchos catalanes posiblemente se opondrían. En segundo lugar, pese a la afirmación de Mas, Catalunya sin ejército propio (aprox. 3.000 millones de euros de inversión anual) tampoco formaría parte de la OTAN, la cual no defendería el territorio catalán. Por último, las relaciones con España y con el resto de países de Europa se enfriarían y posiblemente los intercambios y las exportaciones de todo tipo de mercancías se reducirían considerablemente. Estas son algunas pegas que se le pueden poner a las aspiraciones, ahora truncadas por ERC, de CIU sobre el independentismo catalán.
Eso sí, tras el fiasco de Mas, que ha intentado tapar los recortes y la corrupción de su partido con la campaña independentista, ahora es momento de esperar a ver cuales serán las reacciones de los diferentes partidos, sobre todo de ERC y PP. Los populares serán la opción más fuerte para tratar de frenar el plan soberanista de CIU, mientras que Esquerra puede ser el apoyo para que Mas consiga llevar su propuesta independentista a referéndum. Pase lo que pase, hay que recordar que el referéndum lo convoca el Rey tras una propuesta del Presidente del Gobierno, que ha sido previamente aprobada y autorizada por el Congreso de los Diputados. Viendo la mayoría popular en el Congreso y los antecedentes sobre el recurso contra el Estatut del PP, parece difícil que la opción de una Catalunya independiente acabe consolidándose.

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