Para poder conseguir su propósito, era necesario un profundo cambio en la estructura de la Generalitat, puesto que la gran mayoría de los conselleres aun eran de la cúpula de Camps. Algunos, como los casos de Rafael Blasco o Enrique Verdeguer, fueron reemplazados desde un primer momento tras la llegada de Fabra. Pero la gran remodelación ha llegado este viernes. El presidente ha reducido el número de consellerías que pasan de diez a ocho y además tres cargos han sido sustituidos. Maritina Hernández, Lola Johnson y José Manuel Vela, que dimitió horas antes de ser imputado por entregar un documento secreto a Rafael Blasco, han sido relegados de sus puestos. Ahora sí, Fabra dispone de un equipo de gobierno hecho a su medida, con el que poder trabajar libremente y sin ataduras y con el que debe tratar de mejorar la imagen de una Comunidad que parece estar destinada al abismo si no cambian las cosas. Esa limpieza a fondo podría servir además para que algunos de los imputados en tramas de corrupción como la Gürtel, Emarsa, Brugal o Cooperación sean juzgados e imputados por tal delito. Por el momento el primer paso está dado y ahora solo cabe esperar a ver cuales serán las soluciones que aporta el nuevo Consell para tratar de salir de este pozo sin fondo.
La postura que ha adoptado Fabra al tratar de desmantelar por completo la antigua estirpe campista es la más apropiada y su ejemplo podrían seguirlo otros. Es el caso de Rubalcaba que pese a no tener exactamente las mismas ideas que Zapatero, ha formado parte de su gobierno durante los ocho años y los errores que se cometieron durante ese mandato también le corresponden en gran medida, ya que ha sido Ministro de Interior y Vicepresidente. Más de lo mismo cuando se trata del otro líder político, Mariano Rajoy, que fue Ministro de Fomento de Aznar cuando ocurrió la catástrofe del Prestige o la guerra de Irak, es ahora el presidente de un gobierno que está provocando la desaparición del Estado del Bienestar. Así que los partidos políticos deberían pensar en cambiar sus plantillas, en renovar sus ideas y propuestas de futuro, en dar otra imagen de España que se aleje de la corrupción y los engaños, en definitiva, en todo aquello que por desgracia parece tan lejano. Una nueva forma de política es posible, siempre y cuando se cambie con el pasado y se tenga en cuenta que el pueblo es soberano y no los políticos que lo gobiernan.

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